Dao Guang y Xian Feng

Fueron octavo y noveno emperadores, respectivamente, de la Dinastía Qing, sexto y séptimo de los que gobernaron en China; suegro y marido, respectivamente, de Ci Xi y Ci An, emperatrices regentes que gobernaron durante la minoría de edad de Tong Zhi, hijo de Xian Feng y Ci Xi.

Dao Guang 咸豐 (1782 – 1850) reinó entre 1820 y 1850, su hijo Xian Feng 咸豐 (1831-1861), lo hizo entre 1850 y 1861. Ambos heredaron un imperio en creciente decadencia generada por un sistema de gobierno fatigado, orientado al favoritismo y al lujo e insensible a los problemas de un pueblo en imparable crecimiento demográfico y en el que los brotes de rebeldía e insurgencia terminaron por ser un factor más de desgaste moral y económico.

Sin embargo, el factor que termino por desestabilizar el Imperio fueron las ilegítimas aspiraciones de las naciones de Occidente que forzaron a cualquier precio el establecimiento de relaciones comerciales con Oriente. Nunca sabremos cuál hubiera sido la deriva del gigantesco Imperio dejado a su suerte, cuál el signo de su latente revolución interior.

China  no quería comerciar con Occidente, nada necesitaba de fuera de sus fronteras; nada excepto el opio que desde la India, bajo dominio inglés, llegaba desde hacía años, primero de forma larvada, ahora sin freno, y por el que el pueblo mostraba un creciente y preocupante interés que fue tornando en necesidad. Gran Bretaña había prohibido el consumo dentro de sus fronteras pero fuera traficaba con él desde hacía tiempo.

Se estima que el campesinado chino gastaba más de los dos tercios de su producción para saciar su necesidad de droga que, por otra parte, lo mantenía indolente e inactivo la mayor parte del día; un peligro que amenazaba su salud  y hasta el futuro de China como nación. Dao Guang prohibió cultivar y consumir opio en China, prohibió también su importación y expulsó a los comerciantes británicos. Las potencias europeas, muy especialmente Inglaterra, no vacilaron en prevalecer por la fuerza de las armas en las que su superioridad estaba fuera de toda duda.

Estalló la Primera Guerra del Opio (1839-1842) que terminó con la derrota de China abatida por la superioridad de la flota inglesa. El Tratado de Nankín (The signing and sealing of the Treaty of Nanking por John Platt -painter- y John Burnet -engraver-) certificó la derrota con la cesión de la soberanía de la isla de Hong Kong, la apertura obligatoria al Reino Unido de los  puertos de Cantón, Amoy, Foochow, Ningbo y Shangá –que a partir de entonces se regirían por leyes inglesas-, la autorización para entrar en China a los misioneros ingleses, y el pago de una elevada multa compensatoria. Este tratado fue el primero de una serie que distintas potencias occidentales impusieron a China y a otros países de Extremo Oriente, principalmente Japón y Corea. Al conjunto de los mismos la Historia los denominó ‘Tratados Desiguales’. Puede adivinarse por qué.

Tras la muerte de Dao Guang, Xian Feng heredó un imperio ya marcado por su enfrentamiento con Occidente, de hecho, su padre lo eligió a él, el cuarto de los hermanos, por considerarlo el más beligerante con los extranjeros. Pero el enemigo no sólo estaba fuera. La campesina Rebelión de los Taiping (el Reino Celestial de la Gran Paz), de carácter extremista y sectario, llego a alcanzar grandes proporciones y fue el primer gran problema que tuvo que afrontar el nuevo emperador, minando buena parte de sus recursos y de su autoridad. Se resolvió tras su muerte, con Ci Xi de emperatriz regente, paradójicamente, con la ayuda decisiva de las potencias de Occidente, más interesadas en preservar el statu quo que en nuevas aventuras.

Entre tanto, las autoridades británicas querían más, por supuesto legalizar la entrada de opio en China, que no se firmó en Nankín a pesar de la derrota, pero también abrirse al libre comercio en todo el territorio, convenios más ventajosos en el pago de aranceles, etc. Inglaterra solicitó la revisión  a la baja del tratado de Nankín. China dijo no.

Una secuencia de excusas de menor importancia fue utilizada para declarar la Segunda Guerra del Opio (1856-1860), esta vez con un frente común británico y francés pero con abiertos intereses rusos y norteamericanos. Todos querían una parte del pastel.

El Tratado de Tianjín, de 1858, finalmente firmado por China en 1860 como Convenio de Pekín, puso fin a esta guerra en la que una vez más China salía derrotada y sometida. El emperador, con una salud enfermiza, vivía sus últimos días alejado de Pekín y al abrigo de las tropas invasoras. Mientras, el Príncipe Gong, su hermano, firmaba el Convenio y templaba los ánimos de Occidente.

El mencionado Convenio recogía por fin la legalización de la venta de opio en territorio chino así como la posibilidad de establecer embajadas y personal diplomático en Pekín y en otras poblaciones, la libre circulación para los ciudadanos extranjeros, la navegación por el Yangtsé, la evangelización cristiana y, por supuesto, abultadas multas compensatorias.

El Príncipe Gong era un hombre pragmático, conciliador y abierto a Occidente y se alió, tras la muerte del emperador, con Ci Xi y Ci An, las emperatrices viudas, futuras regentes, en contra del Consejo de Regencia que el emperador había nombrado tratando de consolidar, en contra de toda evidencia, la oposición a las potencias extranjeras.

Ci Xi

Ci Xi

Xian Feng murió joven, tal vez él mismo, víctima del opio. Entre tanto, le dio tiempo para gozar de un harén de diecinueve concubinas -dicen que le encantaba el sexo-, era artista, especialista en la pintura de paisajes y caballos. Dejó un hijo de corta edad, el emperador Tong  Zhi, fruto de su relación con Ci Xi.

El final de la segunda guerra del opio estuvo presidido por la venganza: reducción a cenizas, tras colosal saqueo, del Imperial Palacio de Verano como consecuencia de la aplicación de la tortura china a los presos del bloque occidental. Afrenta a la dignidad imperial de la que Ci Xi tomó buena nota y de la surgió el propósito de enmendarla intentando su reconstrucción tan pronto se presentara la oportunidad.

China se abría así a una nueva, larga y convulsa etapa con Ci Xi de protagonista, emperatriz regente en tres periodos casi consecutivos y en los que desenvolvería de forma dispar sus controvertidas artes de gobierno. Esta etapa de la Historia de China terminaría en 1911 con el fin del imperio, tres años después de su muerte. Aún hablaremos de ella.

Tong Zhi

Tong Zhi

¡Ah! El tiempo pasa.

José Antonio Giménez Mas

Post scriptum:

De una reciente visita al Museo de Arte Oriental de Valladolid (por cierto muy recomendable) me he traído los siguientes datos en relación con el alarmante incremento de la entrada de opio en China:

– En 1678: menos de 200 cajas de 60 kg; en 1792: 4 mil cajas; en 1817: 6 mil; en 1830: 20 mil; en 1837: 40 mil cajas. 

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3 comentarios en “Dao Guang y Xian Feng

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