NOH KABUKI 5. Escenografía

Colección Pájaro Profeta

Sanbasoo

Teatro Noh

El Zen hizo del teatro Noh el paradigma de la austeridad, el antiteatro. El vacío se hace presente en los silencios, en el estatismo de algunos momentos, en la casi ausencia de elementos decorativos. Todo en la escena es parco, casi todo. En las antípodas de lo austero resalta el shite –primer actor- por su rico vestuario y su máscara, dos elementos primordiales que captan la atención de los espectadores.

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Izutsu

Izutsu

El vestuario (shozoku) es uno de los elementos primordiales. Es espléndido, muy suntuoso y rico, de seda y brocados y sin parangón con otros teatros tradicionales, es el contrapunto en la escena. Los vestuarios conservados en la actualidad proceden del siglo XVIII (Edo), suelen ser prendas realizadas para shogunes y daimyos, nobleza aristocrática, familia imperial, ricos samuráis, etc., que regalaban  a los actores como reconocimiento y admiración.

Existen unas 20 clases de indumentarias Noh, sin embargo su uso no está codificado en las obras, el actor elige la indumentaria que prefiere, lo mismo puede haber sido ya utilizada en otra obra como la misma obra haber sido representada con distinto vestuario. Los motivos decorativos del vestuario de los papeles masculinos suelen ser motivos geométricos y simbólicos mientras los papeles femeninos se adornan con motivos vegetales, mariposas, abanicos, etc. El paisaje, a través de ellos, se incorpora a la escena.

Nada o poco tiene que ver el papel representado con como se viste el actor, diríamos que el shite se viste de shite para representar una historia que es ajena al vestuario y que es sólo un medio (medium) para la liturgia. El teatro Noh es un espectáculo abstracto que huye radicalmente del realismo, la noble y suntuaria vestimenta adorna lo mismo a personajes nobles como a plebeyos, a guerreros o demonios; el shite, en el centro de la representación, encarna siempre dioses o seres de ultratumba a los que se reserva la máxima consideración.

Takasago

Takasago

La máscara es el otro elemento primordial, es el espíritu del personaje con el que el actor, cuerpo y máscara, debe lograr la total identificación. La máscara es un elemento casi sagrado que evoca de la presencia de dioses, tanto es así que el actor sólo se la pone para la representación, los ensayos se realizan a cara descubierta. Comparadas con las de Gigaku y Bugaku -formas teatrales más primitivas-, son más refinadas y más pequeñas, menores incluso que la cara del actor, lo que permite que estudiados movimientos del cuello impriman diferentes expresiones a la máscara, por ejemplo elevándola para iluminarla y expresar alegría, inclinándola para oscurecerla y expresar tristeza. Por su tamaño, y a diferencia de las máscaras griegas, no amplifica la voz sino que la amortigua y la hace más gutural y profunda.

Se tallan en madera de hinoki (ciprés de Japón) o de alcanfor. La fisonomía de las mismas es muy variada, se complementan con peluca y representa al personaje que se ha encarnado en el shite: ancianos, divinidades, demonios, hombres y mujeres de todas las edades, con una expresión facial ‘intermedia’ (expresión inexpresiva) que le permite un amplio registro de emociones y le confiere un aire misterioso. Su tipología no se corresponde con personajes concretos sino que es genérica, por ejemplo, hombre, mujer joven, demonio, etc., de hecho el común que el shite cambie de máscara para significar distintos momentos de un mismo personaje, por ejemplo de su apariencia mortal a la de su espíritu. Excepcionalmente, cuando el shite representa a un hombre de edad madura, puede actuar sin máscara (el shite entonces es denominado hitamen), con un rictus facial completamente inmóvil que hace de su cara su propia máscara.

Algunas de las máscaras más utilizadas son:

  • Okina: anciano, divinidad encargada de la purificación al inicio de la representación
  • Chujô: fantasma de un hombre noble de la corte imperial, en Atsumori
  • Deigan: espíritu endiablado de Rokujo, en Aoi no Ue.
  • Hanya: mujer diabólica, en Aoi no Ue.
  • Fukai: mujer de mediana edad, en Sumidagawa.
  • Kanta-Okoto: hombre joven, en Kantan
  • Kojô: Dios anciano, en Takasago.
  • Ôna: anciana, en Takasago.
  • Ko-Omote: mujer joven y bella, en Kakitsubata.
  • Yase-Okono: espíritu de hombre caído en el infierno, en Kayoi Komachi
  • Yaseona: mujer fantasma en Kayoi Komachi
  • Zo-On’na: mujer celestial, en Hagoromo.

Además de vestuario y máscara otros accesorios de carácter menor puede hacerse presentes para aportar información, pero siempre muy abstracta:

1) Tsukurimono, que es una estructura simple y abstracta que puede representar distintas cosas (una casa, una choza, una barca, etc.).

2) Ko-dogu, que son objetos personales (antorchas, espadas, lanzas, entre ellos destaca sobre todo el abanico).

3) Tayo-dogu: objetos varios como un asiento cilíndrico o una plataforma que inmoviliza al shite o lo traslada a espacios adimensionales e intemporales que evocan montañas, lomas, nubes, playas…

El abanico (chukei) destaca entre dichos elementos accesorios no sólo por el potencial estético que deriva de las bellas pinturas con que se decora sino porque funcionalmente, y siempre en clave abstracta, puede representar objetos diversos (vaso, jarra, flauta, pincel, espada…). El abanico es sobre todo una prolongación del shite a través del cual se expresa por medio de gestos codificados que es necesario entender, como un lenguaje cifrado.

 Imágenes procedentes de libretos de obras Noh. Colección Pájaro Profeta

Teatro Kabuki

Utagawa Toyokuni III

Utagawa Toyokuni III

También el vestua rio en el teatro Kabuki es extremadamente lujoso, ricos brocados, coloridas sedas y una gran variación. El dinamismo de la escena lleva frecuentemente a la transmutación del personaje sin que cese la representación y esto se hace por medio de un hábil cambio parcial o total del vestido.

En Kabuki no hay máscaras. En su lugar, un sofisticado maquillaje con rasgos codificados dota de una impresionante expresividad a los personajes. Así, por ejemplo, las caras blancas representan a la nobleza, los colores rojos indican personajes maléficos, las líneas rojas a guerreros, las azules a espíritus y demonios. Los personajes de mujer, tanto aristocráticas como cortesanas, maquillan su rostro en blanco; serán los peinados, sus agujas y peinetas las que identifiquen su verdadera naturaleza. Todo un arte para una actividad específica que en Japón recibe el nombre de kumadori.

Tales maquillajes esconden, sin embargo, caras con escasa movilidad -reminiscencia de la máscara- cuyos personajes se expresan vistosamente por medio de atléticos movimientos corporales y reservan su extraordinaria mímica para momentos culminantes: el mie, es el momento en el que la escena paraliza toda su acción por breves segundos –como foto fija- y en donde la cara se concentra hasta el estrabismo, tan magistralmente  captado en cientos de ukiyo-e, la admirada estampa japonesa.

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Senzai Soga Genji no ishizue

Senzai Soga Genji no ishizue. Utagawa Kunimasa IV.

José Antonio Giménez Mas

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